Cultura MEXICA
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La diosa de la luna. El 21 de febrero de 1978 en la esquina que forman las calles de Guatemala y Seminario, a una cuadra del Palacio Nacional y del zócalo en la ciudad de México una cuadrilla de trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro que hacia labores de mantenimiento encontró a dos metros de profundidad un gran monolito. El hallazgo fue comunicado al Instituto Nacional de Antropología e Historia. Este descubrimiento puso en marcha el Programa de Arqueología Urbana, programa que, durante treinta y cuatro años ha develado, poco a poco, la grandeza de la Gran Tenochtitlan. El monolito es la imagen Coyolxauhqui, la diosa de la luna, hija de Coatlicue, la diosa madre de la tierra, hermana de los cuatrocientos guerreros del sur o centzonhuitznáhuah y del dios de la guerra o Huitzilopochtli. Coyolxauhqui yace desmembrada en la base de la escalinata principal del Templo Mayor de la Gran Tenochtitlan. El mito de Coyolxauhqui, Coatlicue y Huitzilopochtli Cierto día Coatlicue barría en su casa cuando encontró una bola de plumas. La recogío y la puso sobre su vientre. Cuando terminó su faena buscó la bola de plumas y ya no la encontró: en ese momento quedó embarazada. Los centzonhuitznáhuah se enteraron y fue mucho su enojo. Su hermana mayor, Coyolxauhqui, les dijo, Hermanos míos, lo que ha hecho nos deshonra matémos a nuestra madre. Cuando Coatlicue lo supo se asustó mucho y el hijo que ya llevaba en su vientre la calmaba y le decía, no te preocupes madre mía yo te protegeré. Coyolxauhqui y los Centzonhuitznáhuah tomaron sus ropas y sus armas y se vistieron para la guerra. Se pusieron sus tocados (Anecúyotl) en la cabeza y sus cascabeles (Oyohualli) en las pantorrillas. Tomaron sus flechas (Tlatzontectli), sus escudos (Chimalli), sus macanas con filos de obsidiana (Macahuitl) y se fueron hacia el Coatépetl (Cerro de las Serpientes), allá por Tollán, para matar a Coatlicue la que los había avergonzado. Cuando llegaron a la cumbre del monte Coatépetl, del vientre de Coatlicue nació Huitzilopochtli vestido y listo para la guerra. Huitzilopochtli encendió su serpiente de fuego (Xiuhcóatl) y con ella golpeó a Coyolxauhqui en el cuello y le desprendió la cabeza y golpeó en sus brazos y en sus piernas y, toda ella, Coyolxauhqui, quedó deshecha a los pies del cerro Coatépetl. Huitzilopochtli persiguió a sus hermanos, los cuatrocientos guerreros del Sur o Centzonhuitznáhuah, y a todos los mató. Ninguno quedó vivo. Es así como Coyolxauhqui yace deshecha a los pies del cerro Coatépetl y es así, también, como los aztecas la representaron a los pies del Templo Mayor de la Gran Tenochtitlan.
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Este glifo representa el movimiento en la cultura azteca y tiene el mismo origen que la palabra hule en la lengua náhuatl. Es parte de los veinte signos que forman el “Tonalpohualli” o calendario de 260 dias de los aztecas y junto con otros cinco integran uno de los cuatro rumbos cósmicos: el oriente, es decir, hacia la salida del sol. También se le relacionó con el juego de pelota y el movimiento constante de jugadores y de la pelota de caucho. El ir y venir; el bien y el mal; la lluvia y la sequía. Es, en sí mismo, un signo de equilibrio.
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En las excavaciones del Templo Mayor de la Gran Tenochtitlán en el centro de la ciudad de México se encontró la “Casa de las Águilas”, recinto grande y suntuoso para las ceremonias religiosas y militares de los “Caballeros Águila”. El águila, animal fuerte, hermoso y feroz, fue tomada como su símbolo y como ella se vestían para la guerra; así, tomaban sus cualidades y características para la batalla. Es posible que los caballeros, antes de entrar en acción, se autosacrificaran y ofrecieran al dios de la muerte (Mictlantecuhtli) su propia sangre, además de pulque y copal.
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Los aztecas, en el esplendor de su cultura, dominaron desde Tula y el Tajín hasta Tlaxcala y parte de Veracruz y Tabasco. Sus guerreros usaban varios distintivos personales o de grupo en los tocados. En las macanas llevaban cantos afilados de obsidiana, flechas y lanzas también con puntas de obsidiana o pedernal, trajes de algodón (ichcahuipilli), lanzadardos (átlatl), arco (tlahuitolli), honda (temálatl), cuchillo (técpatl) y el escudo plano y circular hecho con carrizos, cuero y madera: no obstante su ligereza les ofrecía una excelente protección.
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Este glifo representa el movimiento en la cultura azteca y tiene el mismo origen que la palabra hule en la lengua náhuatl. Es parte de los veinte signos que forman el “Tonalpohualli” o calendario de 260 dias de los aztecas y junto con otros cinco integran uno de los cuatro rumbos cósmicos: el oriente, es decir, hacia la salida del sol. También se le relacionó con el juego de pelota y el movimiento constante de jugadores y de la pelota de caucho. El ir y venir; el bien y el mal; la lluvia y la sequía. Es, en si mismo, un signo de equilibrio.
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En el México prehispánico Quetzalcóatl tiene una enorme importancia. Entre los toltecas, olmecas, mayas, mixtecos y aztecas se presenta como su dios principal. Su historia empieza cuando nace como Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl rey de los toltecas, sucesor de Huetzin y Uhuitimal. Fue un monarca con extraordinaria habilidad y enorme talento; espléndido constructor de caminos, innovador de las artes de la alfarería y la fundición de metales; así como de la talla de piedras preciosas y joyas. El fue quien introdujo el chocolate y el uso del hule en la vida de los pueblos tolteca, maya y azteca. Como dios se ve representado en la pirámide de Quetzalcóatl en Teotihuacán; en Xochicalco en la pirámide de las serpientes emplumadas y en Chichén- Itzá en la pirámide de Kukulcán. También se le identifica como “la estrella de la mañana” o el planeta Venus.
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En la mitología azteca, Xochiquetzal fue considerada como la diosa de las flores, del amor, de la maternidad y creadora de la primera humanidad; es una de las formas de la Diosa Madre. Fue la esposa de Tláloc (dios de la lluvia) y fue raptada por Tezcatlipoca (Espejo humeante) que la llevó a los nueve cielos y la hizo diosa del buen querer. También fue esposa de Centéotl, de Ixotecutli y de Mixcóatl; con este último tuviero un hijo: Quetzalcóatl. De sus cabellos nacieron las fuentes y los ríos, de su piel nace la hierba y las flores, de sus ojos las cavernas y los pozos, de su boca las grandes cuevas. De su nariz se forman los valles y los montes y de su espalda las grandes montañas. Xochiquétzal también es considerada como la patrona de las labores domésticas.
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El jade, para muchas de las culturas del México prehispánico, representó más que un bien material, un objeto de un alto valor sagrado. Su color verde-azul lo relacionaban con el agua y, por lo tanto, con el sustento de los pueblos. En comunidades agrícolas era básico tener asegurado el abasto de agua y la diosa Chalchiuhtlicue junto con Tláloc eran los responsables de ese abasto. Chalchiuhtlicue tenía en su falda varias cuentas de jade que la relacionaban con el agua de los manantiales, ríos, lagos, lagunas y mares. En su honor se sacrificaban prisioneros de guerra y doncellas y sus corazones se ofrecían a los dioses y su sangre a la madre tierra.
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Este monolito fue encontrado el 17 de diciembre de 1790 en el zócalo de la ciudad de México en lo que fue el Templo Mayor de la Gran Tenochtitlán. Se piensa que fue tallado cerca del año 1479 durante el reinado de Axayácatl, ello por el glifo Matlactli Huan Yei Acatl o Trece Caña que se observa claramente en su parte central superior. Su peso es de 24 toneladas aproximadamente, el diámetro es de tres metros y el grosor es de 30 centímetros.
Tras su descubrimiento, la Piedra del Sol se colocó en el muro del costado poniente de una de las torres de la de la Catedral metropolitana. Aquí, la escultura se deterioró no sólo por estar al aire libre sino, sobre todo, por el maltrato que le dieron al aventarle todo tipo de basura. De ahí fue llevada, en 1910, al Museo Nacional en las calles de Moneda y, por último, a partir de 1963, preside en forma majestuosa la sala Mexica en el Museo Nacional de Antropología.
El tallado de la piedra se hizo en forma radial y circular. En el centro está el Quinto Sol representado por Tonatiuh. El siguiente círculo es el “Anillo de los Soles” con el Primer Sol o sol de jaguar, el Segundo Sol o sol del viento, el Tercer Sol o sol de fuego y el Cuarto Sol o sol de agua.
En el siguiente circulo aparecen los 20 signos del calendario mexica: lagarto (cipactli), viento (ehécatl), casa (calli), lagartija (cuetzpalin), serpiente (cóatl), muerte (miquiztli), venado (mázatl), conejo tochtli), agua (atl), perro (itzcuintli), mono (ozomatli), hierba divina (malinalli), caña (ácatl), jaguar (océlotl), águila (cuauhtli), buitre o zopilote (cozcacuauhtli), movimiento (ollin), cuchillo de pedernal (técpatl), lluvia (quiáhuitl) y flor (xóchitl).
El siguiente es el anillo de los quincunces con las placas de jade con cinco perforaciones en grupos de diez elementos y los cuatro grandes rayos solares. Le sigue el anillo del Resplandor Solar, luego el anillo del Sacrificio, el anillo de la Aceptación del Sacrificio, el anillo de las Llamas, el anillo de las Serpientes de Fuego con dos serpientes o xiuhcoatl que corren por toda la parte exterior de la escultura y, por último, el anillo del Cielo Nocturno con 158 círculos colocados en la parte externa de la xiuhcoatl.
Tras el análisis de muestras microscópicas de rastros de pintura de Piedra del Sol se sabe que este monolito estuvo cubierto (en sitios específicos) por los colores rojo y ocre, colores que concuerdan con su simbolismo.
Sin lugar a dudas, la Piedra del Sol o Calendario Azteca, representó para los mexicas la fusión de dos calendarios: el solar o natural que les indicaba fechas importantes y el adivinatorio que les permitía saber el futuro de la humanidad.