Itzamná fue el amigo de los hombres y para ellos creó El Mayab: el lugar más hermoso del mundo con flores, cielo, aire, agua y viento. Añadió los cenotes y las cavernas. Llevó el faisán, el venado y la serpiente de cascabel. Fue el primer sacerdote y creador de la escritura y de los libros. También fue una deidad benévola y nunca estuvo relacionado con la destrucción o con los desastres y jamás aparece acompañado con los símbolos de la muerte. Se le consideró como el patrono del día Ahau, el último y más importante de los veinte días del calendario maya.

 

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