Curicaueri (Dios del Fuego) y Xaratanga (Diosa de la Luna) son los dioses principales en la mitología P´urhépecha; de la unión de ellos, nacieron la armonía y la felicidad y, con ello, todo lo que conocemos en la tierra. Para el pueblo p´urhépecha, Curicaueri nacía en el oriente y tomaba la forma del sol o dios del fuego y recorría la bóveda celeste como un halcón. El aire, el agua, la tierra y el fuego son los cuatro elementos a los que les hacían reverencia y era Curicaueri “el gran quemador o dios del fuego” al que los “petamuti” (el sabio, el guía, el gran sacerdote de los tarascos) pedían a su gente y les decían que “trajeran leña para los cúes (templos o adoratorios) y dieran de comer leña a Curicaueri” para que ardiera con fuego perpetuo. A este dios siempre le ofrendaron desde el nacimiento y la vida hasta los sagrados alimentos.