Esta ciudad-fortaleza fue construida en lo alto de una meseta que domina el valle de Morelos; esa ubicación estratégica le dio la posibilidad de establecer relaciones comerciales con los pueblos de Michoacán, Tlaxcala, Tabasco, Veracruz, Guerrero, Oaxaca, Puebla y posiblemente con los de Quintana Roo, Yucatán y Campeche. Los principales productos de intercambio fueron cacao, algodón, obsidiana negra y verde y aves con hermoso plumaje que eran solicitadas para la confección penachos y vestidos de gala y ceremoniales. El papel protagónico de Xochicalco en el altiplano mesoamericano se inició cuando el dominio de Teotihuacán llegó a su fin hacia el año 750 d.C. La pirámide de las “Serpientes Emplumadas” es la más representativa de este sitio. Bella e impresionante presenta ocho serpientes talladas en sus costados, además de escenas militares, fechas y nombres de lugares. Xochicalco tuvo importancia cultural y religiosa; ahí se encuentra uno de los marcadores solares que junto con los de Monte Albán y Teotihuacán son de lo más impresionante: en la parte posterior de la ciudad se halla una cueva excavada en la roca; al final de la misma se llega a un pozo que viene desde la parte superior de la explanada y por el cual los rayos solares caen a plomo, sin tocar las paredes, el día 30 de abril.