Esta escultura preside en forma majestuosa el sitio de honor en la sala de la cultura Mexica del Museo Nacional de Antropología. Es imponente desde cualquier punto de vista: por su tamaño, por lo notable de su tallado y, sobre todo, por su simbolismo.

Este monolito fue encontrado el 17 de diciembre de 1790 en el zócalo de la ciudad de México en lo que fue el Templo Mayor de la Gran Tenochtitlán. Se piensa que fue tallado cerca del año 1479 durante el reinado de Axayácatl, ello por el glifo Matlactli Huan Yei Acatl o Trece Caña que se observa claramente en su parte central superior. Su peso es de 24 toneladas aproximadamente, el diámetro es de tres metros y el grosor es de 30 centímetros.

Tras su descubrimiento, la Piedra del Sol se colocó en el muro del costado poniente de una de las torres de la Catedral metropolitana. Aquí, la escultura se deterioró no sólo por estar al aire libre sino sobre todo por el maltrato que le dieron al aventarle piedras y todo tipo de basura. Incluso los soldados que ocuparon la ciudad de México pasaban el tiempo "tirando al blanco" al rostro de la escultura. Durante la presidencia del general Porfirio Díaz se ordenó su traslado a la “Sala de Monolitos” del antiguo Museo Nacional ubicado en la calle de Moneda, a un costado del Palacio Nacional. Ese fue su sitio hasta 1963 en que llevó al Museo Nacional de Antropología en el bosque de Chapultepec.

El tallado de la piedra se hizo en forma radial y circular. En el centro está el Quinto Sol representado por Tonatiuh. El siguiente círculo es el “Anillo de los Soles” con el Primer Sol o sol de jaguar, el Segundo Sol o sol del viento, el Tercer Sol o sol de fuego y el Cuarto Sol o sol de agua. La posición de los cinco soles es la representación del glifo Ollin o el movimiento del sol en el cielo.

En el siguiente círculo aparecen los 20 signos del calendario mexica: lagarto (cipactli), viento (ehecatl), casa (calli), lagartija (cuetzpalin), serpiente (coatl), muerte (miquiztli), venado (mazatl), conejo (tochtli), agua (atl), perro (itzcuintli), mono (ozomatli), hierba divina (malinalli), caña (acatl), jaguar (ocelotl), águila (cuauhtli), buitre o zopilote (cozcacuauhtli), movimiento (ollin), cuchillo de pedernal (tecpatl), lluvia (quiahuitl) y flor (xochitl). Estos veinte elementos del calendario indígena, en su conjunto, vinculan el movimiento del Sol con la conformación de los ciclos calendáricos: el Xiuhpohualli de 360 días (18 meses de veinte días cada uno) y el Tonalpohualli de 260 días (cuatro grupos de cinco trecenas).

El siguiente es el anillo de los quincunces con las placas de jade con cinco perforaciones en grupos de diez elementos y los cuatro grandes rayos solares que representan a los cuatro puntos cardinales. Le sigue el anillo del Resplandor Solar, luego el Anillo del Sacrificio, el Anillo de la Aceptación del Sacrificio, el Anillo de las Llamas, el Anillo de las Serpientes de Fuego con dos serpientes o xiuhcoatl que corren por toda la parte exterior de la escultura y, por último, el Anillo del Cielo Nocturno con 158 círculos colocados en la parte externa de la xiuhcoatl.

Tras el análisis de muestras microscópicas de rastros de pintura de Piedra del Sol se sabe que este monolito estuvo cubierto (en sitios específicos) por los colores rojo y ocre, colores que concuerdan con su simbolismo.

Sin lugar a dudas, la Piedra del Sol o Calendario Azteca, representó para los mexicas la fusión de dos calendarios: el solar o natural que les indicaba fechas importantes y el adivinatorio que les permitía saber el futuro de la humanidad.