Durante los últimos años, el chocolate ha despertado el interés de muchos científicos, los cuales (posiblemente movidos las pasiones culinarias que despierta esta sustancia) han llevado a cabo un buen número de estudios con la finalidad de intentar desentrañar los misterios biológicos que envuelven a esta sustancia. Mucho se ha escrito últimamente sobre el chocolate, y en este artículo queremos hacernos eco de una serie de artículos publicados en los últimos años en una de las revistas médicas más prestigiosas (The Lancet).

Sin duda, el chocolate es uno de los alimentos preferidos por mucha gente, y su consumo ha aumentado espectacularmente en las últimas décadas, especialmente en los países desarrollados. Tradicionalmente, el chocolate ha sido considerado un alimento nocivo, dado su elevado contenido calórico. Si embargo, desde hace algunos años sabemos que el chocolate tiene unas propiedades antioxidantes extraordinarias. Estas propiedades le vienen dadas por su alto contenido en flavonoides, un grupo de compuestos químicos con propiedades antioxidantes que están presentes en una gran variedad de plantas. Así, se ha demostrado que los flavonoides promueven diversos efectos beneficiosos para el sistema cardiovascular, entre los que se incluyen una disminución de la oxidación del colesterol LDL (lipoproteínas de baja densidad, también conocidas como colesterol “malo”), una inhibición de la agregación plaquetaria (lo cual produce el riesgo de formación de coágulos sanguíneos y por tanto disminuye la probabilidad de sufrir un ictus o un infarto de miocardio), así como un descenso de las respuestas inflamatorias inmunitarias del organismo, que son causantes de la arteriosclerosis (1-5).

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